¿Cuánto Valgo Yo?

Una de las necesidades fundamentales del hombre como individuo y que nos permite una sana convivencia con los demás al tenerla cubierta, es el hecho de sentirnos valorizados.

El decir “con los demás” se refiere a todas las personas que conforman nuestro entorno.

Nuestras actividades, todo lo que hacemos en el mundo, va conformando un grupo de personas con las cuales convivimos diariamente, y ante las cuales tenemos expresiones de diferentes tipos; pueden ser expresiones verbales, corporales o escritas, que permiten que los demás nos conozcan, y viceversa.

Las expresiones de los demás hacia nosotros nos hacen conocer cómo son nuestros semejantes. Nosotros hacia el mundo, y el mundo hacia nosotros.

Nosotros hacia nuestros padres, hijos y familiares, vecinos, compañeros de trabajo, jefes, amigos y ellos hacia nosotros.

Estamos insertos en un mundo que comunica ideas y sentimientos hacia nosotros y nosotros comunicamos ideas y sentimientos hacia ese mundo.

Pareciera tan importante la valorización que hacen los demás de uno, como nuestra propia valorización.

Uno de los sentimientos más importantes y que motiva nuestro actuar es el constatar que somos valorizados, y en ello, influye directamente la opinión de los demás según nuestras propias priorizaciones.

A un Profesor Universitario en Pedagogía en Castellano, no le va a interesar mayormente lo que opine de él, el más alto Capitán del Cuerpo de Bomberos; pero, sí le va a interesar lo que opine de él, un Catedrático de la Lengua o el grupo de profesores de Castellano de la misma universidad donde él trabaje; también le va a interesar que lo valorice su propia familia, o su grupo de amistades, etc...etc...

Todos pretendemos que nos valoricen. Que nos tengan en alta estima.

Somos sumamente quisquillosos y resentidos con las personas que no nos valorizan, como según creemos nosotros, debiéramos ser valorizados.

Se busca y se anhela la valorización del mundo.

Este mundo tiene una escala de valores que tendríamos que analizar.

Diferentes culturas tienen sus propias escalas de valores. Lo que se valoriza aquí, no se valoriza allá. Y lo que valorizan ellos, para nosotros no es tan relevante.

El afán del hombre de ser valorizado por los demás, por el mundo, lo lleva muchas veces a ser un consumista, pretendiendo que vale mucho más según la cantidad de cosas que compra, posee o hace.

Hay otros que buscan ser valorizados por su inteligencia. Otros por la sabiduría intelectual que tienen. Otros porque son excelentes padres. Otros, porque son sufridos hijos. Otros, porque son independientes, otros, porque son tan buenos...etc...etc...

El ser humano busca que el mundo lo valorice en toda su dimensión. En su medio necesita sobremanera tener una ubicación valorizada, por lo tanto hace todo lo que es necesario para lograr la aprobación y admiración de los demás.

Ser valorizado...tanto ante sí mismo, como ante los demás.

Tanto tienes, tanto vales. Tanto haces, tanto te apruebo...

Mientras más valorizado se sienta, más seguro de sí mismo y feliz está.

Según la vida va pasando, vamos reconociendo que ésta es una lucha. Empieza desde muy niños, incluso aún cuando no tenemos raciocinio; para eso basta ver la carita de triunfo que tiene un párvulo cuando le saca algo a otro de su misma edad. Se da cuenta, perfectamente, que él tiene algo que el otro desea obtener.

Ese niño tan pequeño se siente más importante frente al otro niño...

Cuando crecemos, se busca la aprobación de los padres y familiares. Ser amados y ser aprobados. Este período puede ser muy largo. Hay adultos que por no haber sido aprobados, valorizados o amados en su niñez o adolescencia arrastran un sentimiento de profunda inseguridad y baja autoestima.

Hay mucha literatura, cursos varios, tratamientos psicológicos sobre cómo adquirir valorización ante uno mismo, pero, muy pocos logran encontrar el camino que los hace sentirse seguros ante los demás y satisfechos con ellos mismos.

La gente del mundo valoriza a los demás con valores que van cambiando constantemente. Con valores que fijan los hombres según sus propias ambiciones, según sus propias apreciaciones.

Hoy en día se rigen por valores tales como; dinero, poder, belleza, juventud, sexualidad, independencia, casta, salud, intelectualidad, conocimientos, etc...etc...

Y nosotros también caemos en lo mismo, valorizamos a los demás según esos mismos parámetros.

¿ Por qué hay hoy en día tan grande cantidad de personas con depresión?

Porque sabemos que no podemos cumplir con todos los valores que los demás nos exigen. Tenemos dos, a lo mejor, pero, nos faltan cuatro o cinco más...

Eso no impide que actuemos como si los tuviéramos, lo cual tiene un alto costo, pues, nos escondemos detrás de miles de máscaras; en lucha titánica para que la gente no descubra lo débiles que somos, lo alejados que estamos de sus exigencias valóricas. Tanto nos exigen, tanto aparentamos. No hay salud que resista tanta falsedad. La depresión viene como una consecuencia lógica.

Sentimos que no cumplimos las escalas valóricas que los demás nos imponen, y tampoco cumplimos las que nosotros mismos nos imponemos.

¿Qué nos hacía sentirnos seguros y valorizados cuando éramos niños pequeños? ¿No era acaso el amor que nos demostraban nuestros padres o las personas que nos cuidaban?

Éramos felices por sólo estar rodeados de amor. Reíamos, movíamos las manos hacia esas personas que nos demostraban minuto a minuto que nos querían. Éramos transparentes, confiados, sencillos y felices.

Nuestro valor no lo juzgábamos, sólo lo vivíamos.

Nuestro entorno era cálido y seguro.

Al incorporarnos al mundo, nos fuimos alejando de esos que nos amaban y nos hacían sentir tan felices y seguros, y nos encontramos con otros seres, cada uno distinto en su personalidad, y empezamos a luchar para lograr seguir siendo valorizados. Cambiamos de ser amados y valorizados porque sí, a querer ser valorizados y amados por lo que hacemos o tenemos.

¡Cuántas luchas recordamos! Y todo para que los demás nos valorizaran...nos aprobaran...

Cambiamos amor y valor por aprobación y valorización.

Y ahora, ya adultos aprendemos mañas y subterfugios para lograr lo que antes llegaba solo.

En nuestros hogares nos sentíamos valorizados solamente porque nos amaban de un modo incondicional.

No era por lo que decíamos, o hacíamos o éramos; era sólo porque así era. Nuestra condición de hijos era lo que nos daba importancia en el grupo familiar.

Necesitamos ser amados, necesitamos sentirnos necesitados por otros para cubrir nuestra necesidad de ser amados y valorizados.

Nuestra imagen y semejanza con Dios...

Necesidad natural de amar y ser amados.

Dios nos ama, necesita adoradores que lo sean de verdad, Su Infinito Caudal de Amor necesita del hombre como depositario. Nos creó y necesita también que el hombre lo ame voluntariamente.

Jesucristo vino por Amor, como Salvador del mundo.

Jesús fue bebé, fue niño, y fue adulto.

Nuestro Señor se despojó de sí mismo y se hizo uno con los hombres.

Jesucristo sabe de antes de la fundación del mundo lo que significa ser Amado y Valorizado. En el Amor que el Padre tiene por Él está su Valorización.

SU PADRE hizo todas las cosas por Él, para Él y con Él.

Y, ¿qué pasa con el hombre?

Dios, ¿valoriza al hombre?

¿No está también en Su Amor por el hombre, la valorización de éste?

Dios Creador creó los cielos y la tierra, toda la Maravillosa Creación, y solamente después que vio que todo estaba bien hecho, hizo al hombre.

Le dio poder sobre todo lo creado; el hombre era señor sobre la creación que Dios le daba.

El hombre pecó y quedaron rotas las relaciones.

El hombre no valorizó lo que Dios le daba. Quiso más...desobedeció a Dios...desconfió de Dios y creyó en lo que la serpiente le prometía...que sería como Dios...

Pasaron muchos años en los cuales el hombre no tendría acceso a Dios.

Él se comunicaba con el hombre por medio de los profetas.

Los hombres no valorizaron a sus profetas, los mataron a todos. No aceptaban ni obedecían sus palabras que decían. “Vuélvanse a Dios, anden en los caminos de Dios...”

¿Cómo iban a valorizar a sus profetas si no valorizaban ni a Dios?

Dios los perdonaba, y los llenaba de bendiciones, pero, ellos volvían a adorar imágenes hechas por manos de hombres, imágenes que no hablaban...

Dios les hablaba otra vez a través de profetas, ellos acudían de nuevo a Dios y después volvían a caer en idolatría.

Hacían sacrificios de animales, inmolaban corderos a Dios para expiación de pecados, y Dios perdonaba y perdonaba, pero, volvían a caer....

¿Qué valorizaban los hombres en esa época? ¿No es similar a lo que se valoriza ahora? ¿Placeres propios e intereses personales?

El hombre es un ser caído y siempre va a necesitar del perdón de Dios.

Es tanto lo que Dios ama y valoriza al hombre que desde antes de la creación del mundo, ya tenía un PLAN PERFECTO DE SALVACIÓN Y este plan perfecto es cumplido en Jesús; el hijo de Dios, hecho hombre, que murió en la cruz, traspasado por nuestros pecados, molido por nuestras rebeliones y por sus llagas fuimos nosotros curados.

El es el mismo ayer, hoy y siempre.

Ese perdón ya lo logró Jesús, en su humillante muerte.

Ese perdón ya se pagó. Jesús nos rescató, nos rescata y nos rescatará del poder del pecado y de la muerte.

El pagó con SU VIDA, nuestra salvación del mundo, nos aparta del mundo atrayéndonos hacia sí y nos da junto con Él, vida abundante aquí en la tierra y después, la vida eterna.

¿Te sientes valorizado ante tanta misericordia y amor Divinos?

Y a Jesucristo...¿lo valorizó el mundo? ¿lo valoriza ahora?

Cuando Jesús fue abandonado por todos lo que lo querían, los que convivieron con Él en el día a día, cuando lo insultaron, cuando lo trataron de sorprender haciéndole preguntas con doble intención, cuando lo acechaban para darle muerte, cuando maquinaban en secreto su muerte, cuando lo trataban de comilón y bebedor de vino o que se juntaba con prostitutas, cuando los propios sacerdotes, conociendo todas las escrituras, las cuales hablaban de Él, no lo reconocieron como Hijo de Dios...

¿Lo estaban valorizando?

Cuando sus propios familiares no creían en Él; cuando en su pueblo tampoco creían en Él.

Cuando a pesar de sanar enfermos de toda índole; ciegos, cojos, leprosos, resucitar muertos, demostrar amor a todos y en todo lugar, nunca una mala palabra, nunca una mentira, siempre misericordioso, siempre enseñando en bondad, lo declararon digno de morir en la cruz...¿lo valorizaron como persona? ¿Valorizaron su Obra?

¿Lo valorizaron cuando gritaron ¡¡Crucifícale!! o cuando prefiriendo a otro, vociferaban...

¡¡Suelta a Barrabás!! ?

El mundo, su entorno, ¿lo valorizó en sus caídas mientras atravesaba las calles de Jerusalén, esa ciudad ante la cual recién, hacía pocos días, había llorado mientras pensaba que había tratado tantas veces de juntarlos bajo sus alas...

Camino al Calvario...¿no le decían improperios y además se burlaban de Él?

Y cuando estaba desnudo en la cruz, abandonado de todos, adolorido, y humillado...¿lo amó el mundo? ¿Valorizaron Su Amor, tantas veces demostrado?

La gente, el mundo, ¿lo valorizó como el Hijo de Dios?

Al único hijo de hombre que jamás pecó, ¿lo valorizaron?

Cuando lo hicieron acostarse en el suelo, sobre la cruz de madera, dolorosamente dura y rígida para su espalda llena de llagas hechas por los salvajes latigazos dados en esa mañana, y cuando recibió escupos en su cara, cuando lo humillaron poniéndole ropas costosas para que pareciera un rey, cuando lo volvieron a vestir con sus ropas, cuando a través de sus ojos semiabiertos veía que estaban entretejiendo una corona de espinas, cuando se la incrustaron alrededor de su cabeza, lacerando su frente, de la cual brotaron gotas de sangre que bajaban lentamente por sus mejillas...

¿lo estaban valorizando? ¿cómo crees tú que Jesús se sentía físicamente, anímicamente?

Cuando clavan sus muñecas a la cruz, con clavos grandes y duros, a martillazos, uno por uno, traspasando su carne, tendones, músculos, huesos y nervios; y cuando le ponen un pie sobre el otro, y traspasan sus huesos, piel, carne, terminaciones nerviosas, en un solo dolor que hace temblar su cuerpo entero...mientras alrededor de Él escucha las burlas de todos aquellos a quienes Él ama...y cuando escucha el silencio de la ausencia de los que lo amaron...

Soledad vive el Hijo de Dios mientras se entrega a la muerte por Amor a los hombres...

Mientras siente que levantan bruscamente la cruz, su ser se estremece de dolor al sentir en las heridas producidas por los clavos el peso de su propio cuerpo.

Y antes de que su corazón se abra en profunda llaga por donde escapan sus últimos latidos como hijo de hombre y muera...

¿no le dice a Dios, “ Consumado es” ?

En ese momento crucial, fue y es, donde el hombre encuentra la valorización más alta que pueda un ser humano demostrar a otro. Entregar su propia vida por la vida de otro.

“No hay amor más grande que el que da la vida por otro...”

“Por eso Dios lo exaltó a lo sumo...”

Dios en Su Amor lo valorizó. Lo resucitó y lo glorificó. Y le dio todo poder...

Y, por parte del hombre, ¿qué recibió, recibe y recibirá aún?

Desvalorización total de parte del mundo, sufre Jesús, el Hijo de Dios.

Mientras Jesús cumple la voluntad de Su Padre, en una inmolación voluntaria, salva a toda la humanidad del poder del mundo y de Satanás, en sacrificio vivo, por todos nosotros y en todos los tiempos, ayer, hoy y siempre.

“Nadie va al Padre si no es por mí.”

Restablece nuestra comunicación personal y de iglesia con nuestro Padre....

¿qué estaba haciendo el mundo y los hombres?

¿Valorizaron su sacrificio como Cordero Inmolado?

Jesucristo fue, es y será amado, valorizado, glorificado, por su Padre.

Su Padre lo resucitó y está a Su Diestra.

Ese valor le dio Dios.

Su Amor hizo Resucitar y Glorificar a Jesucristo.

Su Padre lo amaba, Jesús amaba a Su Padre, y el Padre amaba el mundo...


“PORQUE DE TAL MANERA AMÓ DIOS AL MUNDO,
QUE ENTREGÓ A SU UNIGÉNITO HIJO JESUCRISTO,
PARA QUE TODO AQUEL EN ÉL CREA
NO SE PIERDA, MAS TENGA VIDA ETERNA.”

“Y ESTA ES LA VIDA ETERNA, QUE TE CONOZCAN A TI,
DIOS PADRE TODOPODEROSO, Y A TU ENVIADO JESUCRISTO, SEÑOR NUESTRO.”

Y ahora nosotros los que creemos en Él, los que lo reciben en su corazón, tenemos el privilegio de ser llamados Hijos de Dios.

Sólo los hijos de Dios, glorifican a Jesucristo, Señor Nuestro.

Y nunca vamos a poder valorizarlo en Su Justa Medida. En la medida que ES,

JESUCRISTO RESUCITADO VICTORIOSO SOBRE TODO PODER..

¿Valorización? ¿Eso pedimos nosotros?

¿Cómo podemos ser tan ilusos que pretendemos que el mundo nos valorice, si hoy en día, tal como ayer, no valoriza a Dios, ni a su enviado Jesucristo?

“El discípulo no puede ser más que su Maestro...”

¿Cómo pretendemos que el mundo, el que sea, nos valorice si sus propios valores están tan alejados del valor más grande de Dios, que es el Amor?

¿Por qué el mundo, nuestros amigos, familiares tendrían que valorizarnos, si nosotros tampoco los valorizamos a ellos en la medida de Cristo? Jesucristo nos valoriza tanto que se entregó a la muerte para salvarnos. ¿Estamos dispuestos nosotros a dar nuestra vida para salvar a otros, como lo hizo Jesucristo, el Hijo de Dios? ¿Sólo por Amor?

Valorizar es según el mundo, tanto tienes tanto vales.

¿Qué valor tiene el que nos valorice el mundo?

No pretendamos, ni busquemos su valorización, porque en la medida que más necesitemos la valorización que hace el mundo de los demás, es que estamos más alejados de la valorización que hace Dios de las personas en Amor.

Su Hijo Unigénito, Jesucristo, murió por ti.

Valorizar según Dios, es estar bajo SU AMOR, ahora y para siempre. Primero el Amor y después la valorización.

Y Jesucristo, ¿nos valoriza a nosotros?

SU Vida, Su Bien más Preciado, por tu Salvación.

Te salva del poder del pecado en el mundo, y te da la Vida de Él en ti...ahora... y después en la Eternidad con todos sus hijos...

¡¡Eso sí que es Valorizarnos!!! Nos desea junto a Él por toda la eternidad. En Su Reino, con Su Padre por siempre...

¿alguien jamás podrá amarte así? ¿alguien jamás podrá valorizarte así?

Ahora, tener las primicias en Cristo, su Persona en nosotros,

y después vivir con ellos por toda la eternidad.

Cuando Dios te revele la magnitud de Su Amor y Valorización, no necesitarás la valorización que de tí pueda hacer el mundo, pero tú sí que vas a valorizar en forma diferente a los demás.

Cristo nos valoriza a todos por igual en su sacrificio en la cruz.

No despreciemos o desvaloricemos lo que Dios valoriza.

¿Quiénes somos nosotros para desvalorizar a los que Dios valoriza tanto que entregó a Su Unigénito Hijo a morir por ellos?

Cristo Jesús nos valoriza tanto, que hoy, vive en nosotros a través del Espíritu Santo de Dios.

Su Palabra dice que moran en nosotros. ¿Lo has recibido tú?

¿Tienes al Todopoderoso Dios viviendo en tí?

¿O aún dependes del valor que el mundo hace de ti?

Jesús dice: “Yo he venido al mundo para que tengan vida, y la tengan en abundancia.”

¿Qué clase de vida tienes tú?

¿La vida que proviene del mundo y sus valores, o la Vida que emana de Cristo viviendo en ti?

Tu valor como persona, ¿proviene de lo que piensa el mundo de ti, o de lo que Dios y Cristo hicieron, hacen y harán por ti?

Que el Espíritu Santo nos abra los ojos espirituales para entender el valor que tenemos todos ante los ojos de Dios y de Su Cristo...

¿Cuánto vales tú?

El Amor de Dios es el que te responde llevando alegría y gozo y paz a tu corazón...

Dios y Cristo son Amor y te aman, te han amado desde antes que nacieras.

Te aman y quieren tu presencia ahora en ellos y después en el Reino de los Cielos por toda la eternidad

Amigo, amiga mía, nunca olvides que Jesucristo dio tanta importancia a tu vida, que murió en la cruz pagando con su vida, tu vida abundante aquí en la tierra, y tu vida eterna a su lado.